lunes, 11 de enero de 2016

Después de Charlie

[Traducción —no autorizada ni solicitada expresamente— de un artículo publicado en economist.com el 9 de enero de 2016]

Un año después de la aplicación de duras medidas de seguridad, la izquierda francesa considera que la última supondría ir demasiado lejos

PARA la izquierda francesa, SOS Racisme, un grupo antidiscriminación fundado en los años 80, es un tesoro muy apreciado. Con sus conciertos de rock y sus consignas, se trataba de un campo de entrenamiento perfecto para políticos socialistas, y sigue siendo un recordatorio nostálgico de lo que fue la aspiración multirracial. Ahora, mientras Francia conmemora el primer aniversario del atentado terrorista contra Charlie Hebdo, SOS Racisme dirige sus protestas a sus viejos amigos socialistas: el Gobierno del presidente François Hollande y sus últimas medidas contra el terrorismo. 

En un paquete que se presentará el próximo mes al parlamento, el Sr. Hollande planea incluir en la Constitución la posibilidad de retirar la nacionalidad a los ciudadanos binacionales, nacidos en Francia y que sean condenados por actos de terrorismo. La ley francesa ya permite esto para los binacionales con nacionalidad francesa posterior. Por razones de seguridad nacional hay otros países europeos, como Gran Bretaña, que pueden retirar la nacionalidad incluso a binacionales nativos. Pero la tradición de Francia del jus soli, o el derecho a la ciudadanía para los nacidos en su territorio, hace que esa medida sea especialmente sensible.
Atentados terroristas en Europa (gráfico en inglés)
Fuente

«Es una gran traición», señala Marouane Zaki, trabajador de SOS Racisme, con ciudadanía doble francesa y marroquí. «Se diría que los ciudadanos binacionales no son realmente franceses, y que el terrorismo no fuera un problema de los hijos de la república francesa, sino solo de los que vienen de cualquier otra parte». Más de un tercio de los ciudadanos nacidos en Francia con orígenes norteafricanos tienen doble nacionalidad, según el Instituto Nacional de Estudios Demográficos. Esta semana SOS Racisme se manifestó junto a la sede del Partido Socialista en París, acusando al gobierno de intentar «insertar la discriminación en el corazón de la Constitución». 

Hasta el momento, la dura política de seguridad del Sr. Hollande ha recabado un amplio respaldo de los partidos, y aún crecerá más, después de que la policía frustrase un aparente intento de atentado en París el pasado 7 de enero. Después de los ataques en París del 13 de noviembre, el presidente intensificó el bombardeo en Siria y adoptó un enfoque contundente frente al terrorismo. El estado de emergencia, que confiere a la policía la capacidad de hacer detenciones domiciliarias y redadas en locales, durará hasta el 26 de febrero. Con todo, la propuesta de retirada de la ciudadanía, respaldada por el 85% de la población francesa y defendida con fuerza por el xenófobo Frente Nacional (FN), es considerada por muchos izquierdistas como un salto excesivo.

Rebelión de los nacidos en el extranjero 

Anne Hidalgo, alcaldesa socialista de París, española de nacimiento, tuiteó su «firme oposición» a la propuesta. «No puede haber diferentes categorías de ciudadanos franceses,» destacó Samia Ghali, senador socialista nacido de padres argelinos. El reproche más fuerte quizás sea el de Thomas Piketty, economista izquierdista y autor de libros de gran éxito de ventas, que acusó al gobierno de «trabajar al dictado del Frente Nacional».

Es poco probable que la idea de perder un pasaporte francés sirva para disuadir a los terroristas suicidas. Lo importante es contar con mejores servicios de inteligencia y de policía, algo que ya viene reforzándose también en el hexágono. Manuel Valls, primer ministro socialista (español de nacimiento), ha reconocido que la propuesta es una «medida simbólica». La oposición de Francia la apoya ampliamente, pero Alain Juppé, anterior primer ministro de centro-derecha, describió su eficacia probable como «escasa, por no decir nula».

La protesta política deja al descubierto la fragilidad de la posición izquierdista del Hollande. Elegido en 2012 para exprimir a los ricos y terminar con la austeridad, Ahora, se ha pasado a una política económica más cercana a las empresas, para consternación de su partido izquierdista. Ha presidido un doloroso aumento del paro durante tres años seguidos. Pero su retórica belicista, tras los atentados del 13 de noviembre, en los que 130 personas fueron asesinadas, supuso para él un gran despegue en las encuestas. Ahora parece confiar en que la opinión pública le dé la legitimidad para superar la disensión de la izquierda más acérrima de las libertades civiles. 

Mientras Europa se enfrenta a la amenaza terrorista, este debate puede desplazar el centro de gravedad en materia de seguridad nacional. Los franceses han sido tremendamente tolerantes ante las limitaciones impuestas por el estado de emergencia, aun cuando las 2.700 redadas policiales realizadas hasta ahora hayan destapado pocas pruebas que puedan disuadir a los terroristas. Con Marine Le Pen, el FN se ha subido a la ola del miedo. «El ascenso del FN pesa mucho en el debate político,» dice Augustin Grosdoy, del Movimiento antiracismo y por la amistad entre los pueblos, «y la izquierda no es inmune». Un año después de Charlie Hebdo, puede que Francia esté más en alerta y con más patrullas, pero la unidad efímera de los «Je suis Charlie» ya parece un recuerdo del pasado.

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